Putumayo, cada vez más cerca de la titulación colectiva de su territorio

Embarcaciones de Puerto Caicedo a la vereda Villa del Río

Villa del Río es una vereda del municipio de Puerto Caicedo, donde se creería que solo habitan comunidades indígenas y mestizas como en el resto de Putumayo. Sin embargo, al adentrarse en la espesura de este bosque tropical, se encuentran 32 familias que conforman el Consejo Comunitario Villa del Río, una comunidad negra que está luchando por la titulación colectiva de su territorio que abarca 550 hectáreas aproximadamente.

Así como el caso del Consejo Comunitario Villa del Río, que presentó su solicitud de titulación en el 2013, hay otras 271 solicitudes de comunidades negras en el país que no han recibido respuesta de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), entidad encargada de otorgar el título colectivo. Por tal razón, en el 2018 nace el proyecto de Titulación Colectiva de Territorios Ancestrales Afrodescendientes en Colombia como un convenio liderado por el Proceso de Comunidades Negras en Colombia (PCN) y la Agencia Nacional de Tierras, asistido por el Observatorio de Territorios Étnicos (OTEC) y con el apoyo financiero del Fondo de Tenencia (TF), cuyo objetivo es agilizar las acciones para la seguridad jurídica de los territorios de las comunidades negras.

Villa del Río es uno de los 50 consejos comunitarios que se espera sean titulados en el marco del proyecto y cada vez está más cerca de que se les reconozca su territorio como ancestral y colectivo por el Estado. Esta comunidad está escribiendo su historia en esta vereda desde 1960 cuando llega la familia Rua Iles desde Barbacoas (Nariño), así lo cuenta María, la mayora de la comunidad y una de los 11 hijos de la primera generación.   

De acuerdo a la Ley 70 de 1993, se debe realizar la visita técnica en la que se verifica la información jurídica, social, histórica, ambiental y topográfica del consejo comunitario. De tal manera que, 10 personas del equipo técnico de PCN y OTEC acompañados por la ANT recorrieron el territorio del 4 al 10 de octubre, como lo dicta la Resolución de visita 14883 del 20 de septiembre del 2019, para precisar la información descrita en la solicitud. Posteriormente, el equipo técnico del convenio entregará un informe con los requerimientos técnicos que exige la normatividad, con fecha límite del 10 de diciembre, el cual relatará la información verificada en la visita y será evaluado por la Comisión técnica de la Ley 70. Tal como avanza el proceso, se espera que, en febrero del 2020, la comunidad tenga una respuesta definitiva de su solicitud de titulación.

Desde hace unos años, la comunidad ha luchado por organizarse colectivamente y vivir en armonía con su territorio. En palabras de Noralba Barrientos y Marta Rua, agriculturas e hijas de la segunda generación de la comunidad, el consejo comunitario de Villa del Río ha sido olvidado por el Estado y es tiempo de que sus actividades productivas sean potenciadas y que su historia como pueblo no se muera. Algunas de las necesidades de la comunidad es impulsar la actividad pesquera en el río San Juan (principal fuente hídrica de Villa del Río), el cultivo de caña de azúcar, arroz, maíz y la caza de borugo; así como también el fortalecimiento de las relaciones con la naturaleza debido a que el territorio es quien provee las plantas medicinales que usa el médico tradicional, José Aníbal Barrientos, para curar las dolencias de las personas enfermas en la comunidad.

Las comunidades negras tienen derecho a que se les reconozca la autonomía y la seguridad de las tierras que han habitado y cuidado ancestralmente. El proyecto de titulación visibiliza y adelanta los casos que están suspendidos en el tiempo para respetar este derecho, así lo explica Astolfo Aramburo, coordinador del proyecto. José, María, Noralba y Marta son algunos de los miembros de la comunidad que están defendiendo su territorio y las relaciones con el mismo, las cuales han heredado de sus padres. Su sueño es que las cuatro generaciones que conviven en Villa del Río y los hijos de sus hijos gocen de un territorio seguro y autónomo, y es esta precisamente la razón de ser del proyecto, cuya insignia es que el territorio es vida y la vida no se vende, se ama y se defiende.

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